Ordinario de la misa

El Ordinario de la Misa (Latín: Ordo Missae) es el conjunto de oraciones y partes invariables de la Misa del Rito Romano.
Este se contrasta con los "Propios de la Misa", cantos que cambian durante el Año litúrgico o para una fiesta.
El Ordinario se encuentra en el Misal Romano como una sección distinta en medio del libro.

Los principales cantos del Ordinario de la Misa son:

  • "Señor Ten Piedad" también llamado Kyrie
  • "Gloria a Dios en el Cielo"
  • "Aclamaciones para antes del Evangelio" (Aleluia en tiempo pascual)
  • "Credo"
  • "Santo"
  • "Aclamaciones Eucarísticas"
  • "Padre Nuestro"
  • "Cordero de Dios" (Agnus Dei en latin)

Se trata de partes cantadas con forma de letanía, himno, aclamación.

También hay otras partes que pueden ser entonadas, que son la señal de la cruz, el saludo inicial, invocaciones para el acto penitencial, aclamaciones posteriores a las lecturas y al Evangelio, respuesta en la oración universal, la introducción al prefacio, la doxología final con su amén, el embolismo (“tuyo es el reino”), la bendición y la despedida.

El canto, en la misa, no es algo secundario, marginal o meramente decorativo, sino una de las expresiones más auténticas de los signos sacramentales, que posibilita la participación activa del pueblo (interior y exterior; personal y comunitaria) exigido por el Concilio como meta de la renovación litúrgica ( SC Nº 11 y 19).

Pero para que el canto cumpla esa elevada función, debe estar íntimamente ligado a la liturgia de la cual es parte. El canto debe estar, por un lado, al servicio fiel de la celebración, insertándose en el desarrollo de la misma, paso a paso. Y debe ser por otra expresión fiel de la fe y de la cultura de una determinada comunidad que, aquí y ahora, celebra el misterio eucarístico.

"La música sacra, por consiguiente, será tanto más santa cuanto más íntimamente esté unida a la acción litúrgica, ya sea expresando con mayor delicadeza la oración o fomentando la unanimidad, ya sea enriqueciendo de mayor solemnidad los ritos sagrados. Además, la Iglesia aprueba y admite en el culto divino todas las formas de arte auténtico que estén adornadas de las debidas cualidades." (SC  Nº 112).

No se trata por tanto, de cantar cualquier canto en cualquier parte de la misma, (o en cualquier tiempo litúrgico), o de cantar lo mismo en cualquier tipo de asamblea, o en cualquier lugar.

No perdamos nunca de vista esta doble fidelidad. También es conveniente recordar (a los de más edad) que ya no existe la misa cantada o solemne, sino la misa con cantos.

No es obligación cantar todo lo que se puede cantar. Sino que respetando la debida jerarquización de los cantos y acomodándose a las posibilidades de una determinada asamblea, es necesario programar los cantos de manera que haya un prudente equilibrio entre el silencio y el canto. Equilibrio que debe lograrse teniendo en cuenta también el carácter del día de la celebración.

No cantaremos con igual profusión en una misa de un día de semana ordinario que en una asamblea dominical.

Osvaldo Catena, “Los cantos de la Misa”, en:
Grupo Pueblo de Dios, Música liturgia y pastoral, www.grupopueblodedios.org.


 

A continuación, algunas notas litúrgicas y pastorales para el canto de las partes del ordinario de la misa. En la edición musicalizada del Ordinario de la misa que complementa el presente cantoral, se podrán encontrar varias versiones para cantar estos textos.

A - En los ritos iniciales

Acto penitencial y “Señor Ten piedad”

    • - El acto penitencial tiene lugar entre el saludo inicial del sacerdote y la oración de apertura (colecta). Puede revestir diversas formulaciones.
    • - El “Señor ten Piedad" (antiguamente Kyrie), puede cantarse después del acto penitencial, o integrarse al mismo.
    • - Puede cantarse alternativamente en forma de letanía entre el sacerdote (o un cantor o el coro) y la asamblea.
    • - También, cada par de invocaciones puede ir precedida por una intención (o monición) recitada por el guía o por el mismo sacerdote.

Gloria

    • - Es un himno, o sea, por su misma naturaleza, un canto de la asamblea, de antiquísima tradición, es una oración modelo que proclama la salvación en Cristo Jesús, da gracias al Padre y suplica al Salvador para que esta salvación llegue a nosotros.
    • - Conviene destacar su canto en tiempos y fiestas especialmente solemnes (Navidad, Pascua...)

B - En la liturgia de la Palabra

Aleluia

Se trata de una aclamación (significa "alabemos al Señor” que tiene lugar antes del Evangelio o después del Salmo Responsorial si no hay segunda lectura.
No conviene omitir este canto, que da un ritmo especial a la liturgia de la Palabra y señala la presencia del Maestro -resucitado- en medio de la Asamblea.
En caso de no cantarse, directamente se omite.
Se puede cantar, simplemente, la aclamación "Aleluia" (las veces que, de acuerdo a la música, sea conveniente).
También se puede -y es mejor- intercalar entre los "aleluias" alguna estrofa o versículo cantado o proclamado, cuyo texto ya está previsto en la composición musical, o que sea tomada del mismo leccionario.

Aclamación

La Proclamación del Evangelio también se complementará con la respuesta del pueblo a la aclamación "Palabra del Señor".

Credo y Oración de los fieles

El sentido del Credo, al final de la liturgia de la Palabra, es la de una afirmación solemne y comunitaria de la fe, expresada como síntesis de la historia viviente de la salvación.
El carácter del texto, tanto del Símbolo de los Apóstoles como del credo Niceno, aconsejan la ejecución recitada del mismo.
En cuanto a la oración de los fieles, la Asamblea puede responder -al menos en los tiempos más fuertes- cantando las invocaciones.

C- En la Plegaria Eucarística

Santo

Es el canto más importante de la eucaristía requerido con exaltación e insistencia en las fases conclusivas del prefacio.

Debe ser masivo, donde apenas cabe algún diálogo del solista o coro con la Asamblea. Esta no debe diferir su entrada (respuesta a la invitación del celebrante) por culpa de largas introducciones instrumentales; unos pocos compases bastan para dar el tono y el ritmo. La participación festiva de los instrumentos, concretamente los de percusión, parece muy importante.

El texto, salvo pequeñísimas adaptaciones, requeridas más bien por la síntesis musical, debe ser el litúrgico, tomado de Isaías 6.

Aclamación eucarística

Es una aclamación, en el centro de la acción eucarística. Una respuesta a las palabras del Señor: "Tomen y coman... tomen y beban..."
La asamblea confiesa su fe recordando el misterio Pascual (de ahí su nombre de "Anámnesis", que significa memorial, recuerdo). Es un elemento de mucha importancia para la participación del pueblo.
El presidente entona el comienzo: "Este es el misterio..." y toda la asamblea responde.
Conviene que el órgano (u otro instrumento) sugiera discretamente la entonación.

Amén final

Es el coronamiento de la Oración Eucarística (que comenzó en el Prefacio).
El texto de las distintas plegarias eucarísticas va elevando el clima de la oración haciéndonos participar desde ahora en la alabanza de la Trinidad, que alcanzará su plenitud en la consumación del Reino.
Y esa elevación eucarística encuentra su más lograda expresión plástica en la elevación mayor, que acompaña el canto de la doxología (“por El, con El y en El”.)La asamblea responde con un "Amén" fuerte y entusiasta, que, de acuerdo a su música, podría ser repetido dos o más veces.
Mucho ayudará al canto de este "Amén" tan pleno y significativo, el hecho de que el celebrante cante la Plegaria Eucarística, o, al menos, la doxología final. (Aunque, aun en el caso de que el sacerdote solamente recite, proclamando la doxología, un acorde a tiempo del órgano, podría indicar y ayudar a guiar este "Amén" cantado por la asamblea. Todo esto requiere su ensayo y preparación catequística).

D - En el rito de Comunión

Padrenuestro

La oración del Señor, cantada (o rezada pausadamente) por toda la Asamblea, adquiere aquí su máxima expresión como asimilación de los sentimientos de Cristo: perdón de las ofensas, pedido del pan (material y espiritual) alegre expectativa de la venida del Señor.

La música del Padrenuestro no debe convertirlo en una "pieza" de canto, sino que debe revestir musicalmente, con discreción, la recitación colectiva, lenta, de sus sublimes palabras.

Por eso, no caben cambios de palabras, repeticiones, ni "ripios" para completar alguna frase melódica.

Si hay algún texto que no debe ser sacrificado en aras de la música, sino íntegramente respetado, es éste. Por lo demás, es la primera oración que todos los cristianos saben de memoria.

Embolismo (“Tuyo es el Reino”)

Es una gran aclamación que exige una ejecución noble y potente.
Como en el caso de la "Anamnesis" y del "Amén final", facilitará el canto de la asamblea, el hecho de que el celebrante cante "embolismo" del Padrenuestro (líbranos, Señor...) a continuación. Pero, una comunidad debidamente preparada y alertada por un acorde instrumental, podrá cantar esta aclamación, aun cuando el celebrante solamente recite.

Cordero de Dios

Es una letanía conque la asamblea acompaña el rito tan significativo (y entre nosotros tan escamoteado y empobrecido) de la fracción del pan.
Debe comenzar cuando ésta comience.
Puede ser cantado, todo por todos, o mejor, alternando el solista o el coro con la asamblea.
Se puede cantar dos o tres invocaciones (o más) de acuerdo al tiempo que dure la fracción del pan. Aunque, en la práctica, en razón de que en la última se dice: "Danos la paz", conviene mantener la costumbre de las tres invocaciones.


Gestión y Desarrollo Web: Diseño&Soporte. | Comisión de Litúrgia CEA © "Todos los derechos reservados"